martes, 24 de septiembre de 2013

COMENTARIO DE TEXTO

COMENTARIO LINGÜÍSTICO Y LITERARIO
La diferencia entre uno y otro comentario viene determinada por el objetivo distinto de uno y de otro. El comentario literario tiene por objeto analizar los rasgos que permiten caracterizar el texto como literario. Para ello partimos de una definición de texto literario como aquel que crea mundos imaginarios con la palabra. Ello quiere decir que debemos analizar qué recursos lingüísticos se han utilizado para hacer que este texto pueda ser considerado como literario.
En el comentario lingüístico lo que se busca es conocer el estado de lengua que recoge el texto y caracterizarlo, por ejemplo lengua común propia del siglo XX, texto literario, dado el uso específico del lenguaje y las figuras literarias, etc.
En todo caso, como podéis ver en los apuntes que aparecen en la página web, el comentario se compone de dos etapas: análisis, igual para los dos tipos de comentarios, es decir, análisis del contenido y análisis de la forma (niveles de estudio de la lengua) y comentario, que es el texto que elabora la persona que comenta; normalmente un texto expositivo-argumentativo, donde se recogen las conclusiones más importantes. En este segundo apartado es fundamental seguir los pasos marcados por la retórica: planificación, organización, elocución y revisión. La diferencia entre los dos comentarios estará en el objetivo, en el ¿para qué leo?
Observa los comentarios siguientes sobre el texto de Valle-Inclán, recogido de Sonata de otoño.

TEXTO
Yo recordaba nebulosamente aquel antiguo jardín donde los mirtos seculares dibujaban los cuatro escudos del fundador, en torno de una fuente abandonada. El jardín y el palacio tenían esa vejez señorial y melancólica de los lugares por donde en otro tiempo pasó la vida amable de la galantería y del amor. Bajo la fronda de aquel laberinto, sobre las terrazas y en los salones, habían florecido las risas y los madrigales, cuando las manos blancas que en los viejos retratos sostienen apenas los pañuelitos de encaje, iban deshojando las margaritas que guardan el cándido secreto de los corazones. ¡Hermosos y lejanos recuerdos! Yo también los evoqué un día lejano, cuando la mañana otoñal y dorada envolvía el jardín húmedo y reverdecido por la constante lluvia de la noche. Bajo el cielo límpido, de un azul heráldico, los cipreses venerables parecían tener el ensueño de la vida monástica. La caricia de la luz temblaba sobre las flores como un pájaro de oro, y la brisa trazaba en el terciopelo de la yerba, huellas ideales y quiméricas como si danzasen invisibles hadas. Concha estaba al pie de la escalinata, entretenida en hacer un gran ramo con las rosas.

  COMENTARIO LITERARIO
En el texto que comentamos se describen los recuerdos amorosos del protagonista. Este es el tema del fragmento. Con una técnica que podríamos llamar cinematográfica, desde un plano general a un plano detalle, el narrador, primera persona narrativa, describe sus recuerdos amorosos en un lugar ameno. Corresponde a un fragmento de la obra de Ramón del Valle-Inclán, Sonata de otoño, característica de la etapa modernista del autor gallego.
(OFRECERÍAMOS A CONTINUACIÓN UNA BREVE RESEÑA DE LA VIDA Y OBRA DE VALLE-INCLÁN)
En primer lugar, la lectura del texto descubre una armoniosa musicalidad, mucho más acentuada en la segunda mitad del fragmento, con sintagmas simétricos muy musicales, ritmo cuidado y períodos rítmicos cercanos al verso. A veces al paralelismo sintáctico se une también el paralelismo rítmico:
Bajo el cielo límpido (perp + det + núc + ady)
_ U _ U _ U U
de un azul heráldico (prep + det + núc + ady)
_ U _ U _ U U
En este proceso emocional se observan dos partes con cierta claridad, entre las que actúan como goznes la frase exclamativa y la reflexión narrativa posterior. En la primera parte, más objetiva, se describen el jardín, el palacio y las actividades que en ellos se desarrollan; en la segunda, esta descripción se puebla de evocaciones y florece el subjetivismo.
Para la descripción Valle-Inclán se sirve del pretérito imperfecto, ahora bien, acude al presente durativo ("sostienen", "guardan") con gran maestría, con la intención de acercar la acción al lector. Con ellos los hechos parecen acaecer ante nuestros ojos.
El carácter literario del texto se manifiesta de forma contundente en el empleo de los adjetivos antepuestos y pospuestos, en estructuras bimembres y el uso de esdrújulos, lo que da al texto una musicalidad y colorido especial, adaptado al momento del otoño, con predominio de colores claros y dorados, a lo que ayudan los sustantivos ("otoñal y dorada, límpido, luz, oro, habían florecido, terciopelo, rosas"...). El uso frecuente de la estructura bimembre ofrece una cadencia delicada y ondulante, apoyada en el paralelismo sintáctico.
Desde el principio Valle-Inclán coloca la acción en un ambiente de penumbra y de nostalgia perceptible en el adverbio "nebulosamente" y en el sintagma "fuente abandonada" que continúa en la siguiente oración en el sintagma "vejez señorial y melancólica", oración que desemboca en un sintagma preposicional bimembre que adelanta el tema y el tono: el amor intrascendente, claramente decadentista y un mundo de sensaciones: "la vida amable de la galantería y del amor". Esta es la descripción.
En la tercera oración descubre con delicada sensibilidad el ambiente: el jardín señorial y el salón rebosan alegría, desenfado, expresado en una metáfora poco original: "habían florecido las risas y los madrigales", alegría y amor que nos colocan en el siglo XVIII, en el detalle gracioso, amoroso, sensual del Rococó, caracterizado precisamente por este tipo de poemas breves y de temática amorosa y anacreóntica. La añoranza y la nostalgia quedan patentes en el uso del pretérito pluscuamperfecto de indicativo, que alude a un tiempo anterior en el que esas terrazas, fronda y salones estaban bulliciosos.
En la proposición temporal siguiente Valle-Inclán sintetiza de manera magistral este ambiente en dos detalles correspondientes a las dos proposiciones de relativo. En la primera atendemos a la delicadeza, en una expresión cuidadísima en la que el significado del verbo "sostienen" se suaviza con el adverbio "apenas", para llegar a una delicadeza sutil que continúa en el diminutivo, de gran efecto, también complementado con gusto y detalle por el adyacente "de encaje". En la segunda proposición atiende al amor, a un amor platónico, casi infantil, puro juego, en una imagen efectista aunque repetida y ya casi folclórica.
Este momento tan entrañable del recuerdo hace prorrumpir al autor en una explosión emotiva: "¡Hermosos y lejanos recuerdos!", seguida de una reflexión que atempera los sentimientos.
Comienza entonces la segunda parte, más subjetiva, en la que proliferan las figuras, comenzando por los adjetivos esdrújulos, muy musicales, las estructuras paralelísticas perceptibles también en la primera parte. Los adjetivos ahora se hacen más frecuentes y con ellos las comparaciones ("como un pájaro de oro", "como si danzasen invisibles hadas"), las metáforas ("el terciopelo de la yerba"), animaciones o prosopopeyas ("la caricia de la luz temblorosa", "la brisa trazaba...").
Se trata, por lo tanto, de un texto típicamente modernista, encuadrado en el modernismo más intimista y exótico.

COMENTARIO LINGÜÍSTICO
El fragmento pertenece a la obra de Valle-Inclán Sonata de otoño. Se trata de un texto descriptivo con algún detalle emotivo narrativo, como se verá en el análisis posterior. Por lo tanto y aun antes del comentario, podemos decir que corresponde a un texto de tipo literario, de estilo modernista.
El tema del fragmento es el recuerdo o evocación de un lugar propicio para el amor o lleno de recuerdos amorosos agradables.
Estructuralmente el texto no presenta una división perceptible, al menos externamente, puesto que todo él se ordena en un solo párrafo. Ahora bien, en un análisis más profundo se puede observar una estructura que podríamos llamar cinematográfica, desde un plano general hasta un plano detalle. La primera oración ofrece una visión panorámica del lugar, tan solo la frondosa vegetación. La segunda añade al jardín el palacio y con ellos una nota conceptual de gran importancia: su antigüedad y el ambiente decadentista, intrascendente, de puro juego amoroso. Con la tercera oración, entramos ya en el plano detalle y en los recuerdos que provocan la explosión sentimental "¡Hermosos y lejanos recuerdos!", y la explicación narrativa, como un paréntesis, tras el cual continúa la descripción en el recuerdo.
La entonación del texto responde a los esquemas enunciativos, tan solo alterados por el sintagma exclamativo, donde queda patente la función expresiva que envuelve el texto, junto a la poética. Ahora bien, más que el esquema entonativo, destaca en el fragmento de Valle-Inclán el ritmo de la prosa, muy musical, propio del Modernismo.
No se observan rasgos fonéticos dialectales, sino que nos las habemos con un texto normativo, literario, del siglo XX.
Los sustantivos son abundantes, en su mayoría concretos, comunes, aunque no faltan algunos abstractos de cualidad como "amor", "secreto", etc. Todos ellos siguen la norma tanto en cuanto al género como en cuanto al número: o/a para el género, con excepciones o mejor dicho variantes, que se explican por su origen, como "vejez", "jardín", "pie" e incluso "día". En todo caso, queda patente que el género en castellano no responde a una tendencia sexual como ocurría en latín, sino formal, es decir, que los sustantivos que acaban en o tienden a ser masculinos y los que acaban en a, femeninos, no embargante otras formas cultas o con explicación diacrónica de las variantes.
También el número sigue la norma: Ø para el singular, -s, -es para el plural. No poseemos ejemplos de la forma Ø en el plural.
Hemos de destacar en este apartado el uso del infijo diminutivo en la palabra "pañuelitos", morfema, a diferencia de los prefijos y sufijos, modificador morfológico y no léxico, y por ello estudiado aquí y no en el apartado léxico-semántico como lo serán aquellos. A los valores nocionales se añaden, especialmente en el diminutivo, valores subjetivos, relacionados con las funciones del lenguaje, como ocurre aquí, en que la palabra coadyuva a representarnos ese ambiente de delicadeza y galantería. El doble diminutivo del vocablo, el primero -uel, ya latino, se refuerza con el complemento del nombre posterior "de encaje":
pañ -uel -it -o -s
Los adjetivos son muy numerosos, como corresponde a un texto literario modernista. Entre los determinativos utiliza los demostrativos "aquel", "esa", numerales "cuatro" e indefinidos "otro". Ahora bien, son los calificativos, tanto especificativos como explicativos, los más importantes, especialmente pospuestos, aunque no faltan algunos antepuestos ("invisibles hadas"). Es frecuente el uso de adjetivos en estructuras bimembres ("señorial y melancólica", "hermosos y lejanos", "ideales y quiméricas") y destaca también un recurso del gusto modernista, como es el uso de esdrújulos, que además ofrecen un motivo especial de musicalidad, sobre todo cuando aparecen de forma sistemática: "bajo el cielo límpido, de un azul heráldico". A veces la anteposición provoca la reducción léxica, normativa del adjetivo, como en "un gran ramo...". La norma también se cumple en el género de los adjetivos que cuentan con la variante o/a, no así en los adjetivos invariables ("amable"), aunque, en todo caso, sabemos que tanto el género como el número no es propio del adjetivo, sino que depende del sustantivo con el que vaya, como demuestran precisamente los adjetivos de una sola terminación. Todos están en grado positivo.
Los tiempos verbales utilizados corresponden al mundo narrado. Predomina el pasado, especialmente el pretérito imperfecto de indicativo, tiempo propio de la descripción. En cuanto al tiempo externo (presente, pasado y futuro), todas las formas se refieren al pasado, pues los presentes "guardan" y "sostienen" son presentes durativos, intemporales, referidos tanto al presente como al pasado y futuro.
Podemos estudiar los verbos desde distintos puntos de vista. En el complejo mundo narrativo se observan tres saltos temporales: el momento actual del narrador, el imperfecto narrativo y el tiempo, anterior, de los hechos.
El imperfecto de indicativo es el tiempo predominante, característico de la descripción en el pasado, al ser forma de aspecto imperfectivo, es decir, que presenta una acción en desarrollo. A estas formas de imperfecto que organizan el texto se añaden el pretérito perfecto simple con desigual función. En al segunda oración es el verbo de una proposición de relativo en el que el circunstancial "otro tiempo" hace alusión a un pasado absoluto. El segundo caso, "evoqué", se contrapone a "recordaba" y se refiere a un recuerdo pasado anterior al actual. A estas formas hay que añadir un pretérito imperfecto de subjuntivo: "danzasen", solicitado por la proposición condicional potencial en la que se encuentra. Dejamos para el final la relación de tiempos de la tercera oración cuyo verbo principal es el pretérito pluscuamperfecto, correlato del imperfecto en el pasado. A este se añaden en la proposición adverbial temporal una perífrasis de gerundio con el auxiliar en imperfecto, manteniendo el tiempo pasado y profundizando en la sensación de acción en desarrollo con el gerundio. A ello ayuda el acertado uso de los presentes durativos que, además, acercan la acción al presente del lector.
Como podríamos esperar en una descripción, la mayoría de los sustantivos están presentados por un determinante, preferentemente el artículo. No aparece en situaciones esperables como en la frase exclamativa, en la aposición "huellas ideales y quiméricas" y en el sintagma "invisibles hadas" dentro de la proposición condicional.
Observamos los reconocedores "el", "la", "los", "las" y los presentadores "un", "una", que, como es sabido, indican los primeros algo conocido y los segundos, algo nuevo ("un día lejano", "como un pájaro de oro"...).
Los adverbios poseen un valor importantísimo en el texto, algunos de ellos son meros introductores de proposiciones, como los relativos "donde" ("por donde") y "cuando", adverbios de tiempo: "cuando", o de modo en una proposición condicional en unión de la conjunción "si" ("como si"), o de sintagmas ("como"). En otros tres casos actúan como modificadores verbales: "nebulosamente" en la forma abierta de creación de adverbios con el sufijo; "apenas" que, junto con "pañuelitos", presenta con meridiana claridad el ambiente decadente reflejado en el fragmento; y, por último, "también", los tres adverbios de modo.
El carácter subjetivo del texto es perceptible desde la primera palabra, el pronombre personal de primera persona, redundante ("yo"), que se vuelve a repetir en la oración narrativa. Se trata, pues, de una narración-descripción en primera persona. Como podíamos esperar en un texto de estas características los pronombres son escasos, tan solo otro pronombre personal de tercera persona en función de complemento directo ("los") y dos pronombres relativos introductores de sendas proposiciones ("que").
Las preposiciones también son escasas dada la proliferación de adjetivos, siendo las más utilizadas "de" en sintagmas preposicionales complementos del nombre en su mayoría y "en".
La única conjunción coordinante usada es la copulativa "y" que une tanto sintagmas en estructuras bimembres, como proposiciones. De las subordinantes solo aparece la condicional "si".
Al sintagma exclamativo se unen siete oraciones, excepto una, todas compuestas.
(AQUÍ SE PODRÍA REALIZAR UN COMENTARIO ESCUETO DE CADA UNA DE LAS ORACIONES. YO SOLO LO HARÉ DE LA PRIMERA COMO EJEMPLO)
La primera oración, compuesta, enunciativa, transitiva, posee una estructura sujeto + verbo + complemento circunstancial + complemento directo. En este último sintagma nominal desarrolla el adyacente en forma de proposición de relativo introducida por el adverbio "donde".
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El apartado léxico-semántico habla también de un texto culto y literario. El léxico es amplio y cuidado, con palabras como "mirtos, fronda, galantería, hadas, quiméricas...", y otras que veremos más adelante. Especial atención requieren los cultismos "seculares, cándido, límpido...". Recordemos que el cultismo es una forma castellana que no ha sufrido cambios en su paso desde el latín al castellano, frente a los semicultismos y a las palabras patrimoniales que presentan una evolución media y total respectivamente. Debemos destacar el vocablo "melancólica" procedente del latín a través del griego ('bilis negra').
Es frecuente el uso de la derivación: prefijos ("deshojando, reverdecido"), sufijos ("nebulosamente, otoñal..."), sufijos apreciativos ("pañuelitos"), a los que podrían añadirse otros ejemplos de familias semánticas presentes en el texto como la expresada aquí con los términos "oro, dorada" o los campos semánticos de palabras referidas a los dos ejes temáticos del fragmento: el jardín y el palacio.
Al tratarse de un texto literario no faltan algunas figuras como la comparación: "como un pájaro de oro", las metáforas: "terciopelo de la yerba" y los paralelismos especialmente.
Como ya reseñamos al comienzo del comentario, el texto tiene como tema el recuerdo amoroso, en un amor sensual, intrascendente, juvenil, expresado en ese deshojar la margarita, y decadente. A ello se añade la delicadeza, magníficamente expresada en la proposición de relativo "que en los viejos retratos sostienen apenas los pañuelitos de encaje" y en las oraciones finales. Todo ello se resume en el florecer de "risas y madrigales", palabra esta que refiere a un poema breve en heptasílabos, de tema amoroso, sensual, muy utilizado en la primera mitad del siglo XVIII español, en el movimiento llamado Rococó. Y es aquí donde de forma clara nos lleva al Modernismo, a ese modernismo más cosmopolita y romántico, evocador de ambientes exóticos.
Como conclusión, una vez realizado el análisis, hemos de decir que nos las habemos con un texto literario, modernista, como se observa especialmente en el ritmo, en el gusto por la adjetivación y por el ambiente evocado.


Algunas orientaciones rápidas sobre el comentario de textos, tipos de comentarios, varios de ellos resueltos, los podéis encontrar en la siguiente página:
http://recursostic.educacion.es/humanidades/ciceros/web/alumnos/comentario_textos/

lunes, 18 de enero de 2010

LA NUEVA PRUEBA DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD

Un hecho antropológicamente reconocido es que la sociedad cambia constantemente en su proceso continuo de adaptación al medio. La enseñanza no es ajena a este principio universal y se preocupa de dar respuesta a las demandas sociales con una perspectiva prospectiva.
De los tres principios que informan la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), el tercero viene determinado por el compromiso adquirido por la Unión Europea de facilitar el aprendizaje a lo largo de la vida y de flexibilizar el sistema educativo construyendo un entorno de aprendizaje abierto. En este entorno abierto, cualquier propuesta educativa (formal, informal o no formal) es válida para que un alumno demuestre sus conocimientos en la materia objeto de evaluación.
A partir de estas y otras ideas, la LOE y la normativa que la desarrolla ha ido conformando el actual sistema educativo y realizando los cambios pertinentes para adaptar nuestro sistema al mandato europeo. Algunos de estos cambios repercuten en la prueba de acceso a la universidad.
Para acceder a los estudios universitarios tras cursar el Bachillerato, es necesario superar la prueba de acceso a la universidad (PAEU). El Real Decreto 1892/2008, de 14 de noviembre (BOE 24-11-08) regula el acceso a las enseñanzas universitarias de diversos colectivos, entre ellos, los alumnos que han cursado bachillerato. Otras órdenes estatales y autonómicas que lo desarrollan regulan ciertos aspectos del Real Decreto.
La finalidad de esta prueba es valorar la madurez académica del alumno, los conocimientos adquiridos en el Bachillerato y la capacidad de seguir con éxito los estudios universitarios. La calificación numérica final permitirá ordenar las solicitudes de admisión para la adjudicación de las plazas ofertadas en los centros universitarios públicos.
La PAEU se adecuará al currículo del bachillerato establecido para Castilla y León y versará sobre las materias comunes y de modalidad del segundo curso. Se estructura en dos fases: fase general, de carácter obligatorio para todos los alumnos que deseen acceder a la Universidad, y fase específica, voluntaria para los alumnos.
Y aquí aparece ya el primer cambio y uno de los nuevos conceptos que debemos aprehender para entender correctamente el nuevo proceso. Hasta ahora la nota de admisión a la Universidad coincidía con la nota final de la prueba superada. Ahora, la fase general y la fase específica tienen diferentes finalidades. La superación de la fase general permite la entrada del alumno a la universidad pública y/o privada. Como sucedía hasta ahora, la nota final se obtiene calculando la nota media resultante entre la nota media del Bachillerato, ponderada en un 60%, y la nota media de la fase general (40%).
Ahora bien, cuando exista concurrencia competitiva (concepto importante referido a la necesidad de elegir entre un número determinado de alumnos cuando el número de solicitudes para acceder a un grado sea superior al de plazas ofertadas), será la nota obtenida en las materias realizadas en la fase específica, unida a la nota de la fase general (40%), y a la nota media de bachillerato (60%), la que determine el orden de prelación de los alumnos en los distintos grados universitarios.
Todo ello quiere decir que a la gran mayoría de los alumnos les bastará con realizar la fase general, pues en muchos grados no existirá concurrencia competitiva. Sólo aquellos alumnos que intenten acceder a grados donde el número de plazas sea inferior al de solicitantes, necesitarán de la fase específica.
La fase general consta de cuatro ejercicios con doble opción cada uno, entre las cuales el alumno elegirá una. Los tres primeros ejercicios se refieren a las materias comunes ofertadas en segundo curso: comentario de texto, historia de España o historia de la filosofía (a elegir), e idioma extranjero. Y aquí nos encontramos con otra novedad. Será el alumno el que elija, entre los idiomas que ofrece la normativa: inglés, francés, italiano, alemán o portugués, del que desea ser evaluado, lo haya cursado o no. Como se verá al tratar más delante de las materias de modalidad, desaparece el vínculo directo existente hasta ahora entre materias cursadas y vía universitaria ya predeterminado. El alumno elige, entre lo que le ofrece el sistema, de qué desea examinarse, independientemente de que lo haya cursado. La cuarta materia de esta fase general es una materia de modalidad de segundo curso de bachillerato: cualquiera de las que ofrece el Real Decreto 1467/2007, de 2 de noviembre, en su artículo 7, establecidas para segundo curso de bachillerato.
Ahora bien, esta elección no es baladí, pues puede tener doble trascendencia. El alumno debe tener claro, antes de elegir esta materia, si realizará la fase específica o no, y, de acuerdo con ello, optar por una de las materias de modalidad, no olvidando que su primer objetivo debe ser acceder a la Universidad y que el acceso se obtiene aprobando la fase general. Pero si tiene la intención de realizar la fase específica, deberá tener muy en cuenta lo que más adelante se dirá.
Un cuatro de media en la fase general bastará para realizar la ponderación ya reseñada con la nota media del bachillerato. El producto de esta media deberá ser igual o superior a cinco puntos para superar la prueba de acceso a la universidad.
Finalizada la fase general, algunos alumnos decidirán participar en la fase específica, bien porque en el grado al que desean acceder el número de plazas sea inferior al de solicitudes, es decir deberán alcanzar en concurrencia competitiva una de esas plazas, bien porque no tengan claro el grado al que desean optar y alguno de ellos precise de esta selección.
Deberá, en primer lugar, analizar la rama de conocimiento a la que pertenecen el/los grados elegidos. Este hecho es fundamental, porque sólo obtendrán máxima ponderación algunas de las materias adscritas a esa rama de conocimiento. O si no estuvieran adscritas, simplemente no ponderarán; o si no aparecieran entre las unidas al grado universitario, sólo ponderarán con 0.1. Es matemáticamente trascendente para la nota final con la que el alumno competirá por la plaza en concurrencia competitiva elegir materias a las que la universidad a la que deseen acceder haya asignado la máxima ponderación (0.2).
Del mismo modo, el avisado estudiante analizará con sus padres y profesores las ventajas de examinarse de una o dos materias en esta fase, pues sólo se valorarán las dos materias mejor calificadas en esta fase específica.
Lo que no ofrece lugar a dudas es que el alumno podrá elegir cualquiera de las materias de modalidad de segundo curso de bachillerato, las haya cursado o no, distinta de la elegida en la fase general, de acuerdo con lo señalado al principio de este artículo. Y como es de suponer que, en la mayoría de los casos, el alumno elegirá entre las tres o cuatro materias de modalidad cursadas en segundo curso, deberá reflexionar con detenimiento con sus padres y profesores sobre la materia que elegirá en la fase general (normalmente en la que crea estar mejor preparado, pero también quizás la que tenga menor ponderación en el grado al que desea acceder) y las que reservará para la fase específica.
La nota de admisión incorporará, a la operación explicada en la fase general, las calificaciones de la o las materias de la fase específica, siempre que estén adscritas a la rama de conocimiento y grado en el que quiera ser admitido. Un simple análisis de la elección de una u otra/s materia/s de modalidad entre las que puede optar el alumno y la variable añadida del grado o grados y universidad elegidos ofrecerá un caleidoscópico resultado.
Nuevas oportunidades se abren también para los alumnos que hayan cursado o cursen ciclos formativos de grado superior y que deseen acceder a la Universidad, pues pasan de pertenecer al cupo de reserva a estar adscritos al cupo general. A esta novedad, se añade que podrán acceder a cualquier enseñanza universitaria de grado sin necesidad de prueba de acceso. La nota de admisión será la nota media del ciclo formativo. Y cuando exista concurrencia competitiva, la nota de acceso se calculará añadiendo a la nota media del ciclo las dos mejores calificaciones de los módulos del ciclo formativo de grado superior, excluidas FOL, FCT y empresa y cultura emprendedora, ponderadas con 0.1 ó 0.2, según establezcan las universidades, siempre que el ciclo formativo sea de acceso preferente a la rama de conocimiento a la que esté adscrito el grado pretendido.
De todo lo dicho hasta el momento, se colige que el alumno y sus padres deben tener una información detallada del proceso y de las consecuencias de sus decisiones, pues la decisión última es del alumno y su familia. Deben aprehender la relación existente entre los grados y las ramas de conocimiento, entre las materias de modalidad y los grados, las materias que obtienen máxima ponderación en cada grado y universidad, etc.
El alumno tiene ente sí una puerta abierta, amplia libertad; pero la libertad conlleva aparejada responsabilidad, implica elección y, para ello, se impone la reflexión detenida. La información sobre todo el entramado organizativo de grados y materias unidos a las ramas de conocimiento, la información sobre la diversa adscripción de estos grados a ramas de conocimiento y de las materias a los grados en las distintas universidades, debe convertirse en acervo cultural del alumno y sus padres.
Corresponde a los centros educativos, a los equipos directivos, orientadores, tutores y profesores hacer un gran esfuerzo para informar y difundir estas novedades y asegurar que los alumnos y sus padres conozcan suficientemente el proceso, como para elegir conscientemente, puesto que, como señala el dicho, “Nadie sabe más que todos juntos”.
Inmersos como estamos en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, se impone un esfuerzo por parte de los centros educativos de recopilación de material y de transmisión detallada de la información a los alumnos y sus familias, especialmente en estos momentos de cambio. El liderazgo que deben asumir las instituciones educativas, unido a la búsqueda de la excelencia, deben motivarnos a todos los sectores involucrados en la enseñanza para ofrecer una información detallada y fiable de las opciones y oportunidades que al alumno que finaliza el bachillerato y el ciclo formativo superior se les abren.
Gaspar Melchor de Jovellanos pedía en su Memoria sobre la educación pública, en 1802, que el beneficio de la educación llegara a todos los niños y niñas del país. Con este mismo espíritu, debemos conseguir estar a la altura de las circunstancias y poner al servicio de todos los alumnos y sus familias una información detallada y precisa sobre la nueva prueba de acceso a la universidad.